19 oct

La niñez, adolescencia y juventud del 44

Captura de pantalla 2017-10-19 a la(s) 10.08.40Haber nacido en Guatemala, durante los años 1936-1938, puede considerarse un hecho afortunado, porque esos niños que en el 44 tenían entre 6 y 8 años, gozaron de 10 años de oportunidades educativas como nunca antes ni después habrían de tenerlas.

 En 1944, la Junta Revolucionaria de Gobierno dispone que las casas de Ubico, el dictador derrocado, sean habilitadas para escuelas; el Ministro de Educación elegido, Jorge Luis Arriola, formula un plan para la construcción de escuelas (Ubico no construyó ni una sola) e incrementa el salario de los maestros (de Q.35.00 a Q.60.00)

La Junta también establece la educación primaria integrada de 6 años en todos los municipios de la República; se instituye el desayuno escolar para primaria y se crea el Comité Nacional de Alfabetización. Inicialmente, las nuevas autoridades contemplan la posibilidad de crear un Ministerio de Previsión Social que fructificará después en la creación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social.

Ya el doctor Juan José Arévalo en la presidencia, de profesión e indudable vocación de pedagogo y con un enorme compromiso con la sociedad a la que empezaría a presidir, apoyó a la niñez con la creación de las Escuelas Tipo Federación (edificio con aulas autónomas y con su patio de recreo) y una Reforma Educativa que creó un pensum adaptado a la jornada de campesinos y campesinas; y, al abrirse las escuelas normales, también apoyó y alentó las inquietudes educativas y la vocación magisterial de la adolescencia.

 Se crearon también las guarderías y comedores infantiles, con el propósito de apoyar a padres y madres trabajadoras, así como con la idea de combatir la desnutrición infantil. Idea que se ve reflejada en estas palabras inspiradas por la realidad de aquel entonces, ya que, hasta ese momento la participación del Estado en favor de la niñez de la primera infancia era totalmente inexistente, y que pintan elocuentemente su situación hasta antes de la Revolución de Octubre: 

Ambientado por necesidad, agitándose dentro de un círculo social hostil, mal alimentado y peor vestido, el hijo de los pobres aprende pronto a ser triste y a olvidar la alegría de la salud; sin inocencia ya, indefenso y fácil, se inicia en distracciones impropias que más adelante harán del niño un clásico resentido social. La observación es oportuna, porque, niños hoy, los ciudadanos del mañana, serán tanto más útiles a la patria cuanto más normal haya sido su paso por la infancia.” (1)

 La juventud de 1944, partícipe activa y determinante en el triunfo de la Revolución, lo hizo con una AEU recién reestablecida (1943) como entidad federativa del Estado, con una también renovada y combativa junta directiva que, junto a los y las maestras, dieron inicio al combate a la corrupción e impunidad imperante en esos días y desde muchos años atrás, en las jornadas cívicas que finalmente dieron al traste con la dictadura.

El triunfo de la Revolución en Guatemala significó para la niñez, adolescencia y juventud el ser tomados en cuenta, el tener finalmente la posibilidad de crecer en un ambiente que les protegía y que les impulsaba a la participación social, política, artística, deportiva.

Hoy nuevamente estamos en similar encrucijada a la planteada antes de la Revolución de octubre, nuevamente se abre la posibilidad de acceder a cambios radicales en nuestro país, para acabar con la corrupción enquistada en el Estado guatemalteco y cuyas principales repercusiones están a la vista en los pobrísimos indicadores que sumen a la niñez en un deterioro total por falta de cumplimiento a sus más elementales derechos.

 Uno de los primeros pasos está dado: hemos recuperado a la juventud, porque hemos recuperado la AEU con una renovada y combativa junta directiva, que fue también uno de los primeros pasos para recuperar el país en 1944 y rescatarla de corruptos e impunes. Esto es de por sí un signo de esperanza… 

Rescatar la memoria histórica se ha convertido en un deber. No debemos olvidar jamás los actos y los nombres de la gente inescrupulosa y ambiciosa que desde siempre y en franca solidaridad de clase, se han apoderado de las estructuras gubernamentales y empresariales. Porque son ellos, tal y como afirma Jorge Santos en el artículo El futuro llama a la rebelión, “…los responsables de las muertes de niños y niñas por hambre, del despojo de tierras, de desalojos violentos, del desvío de ríos, del desabastecimientos de hospitales, centros y puestos de salud…” (2)

Hemos de continuar avanzando en esta lucha porque no podemos esperar 120 años para salir de la miseria, como lo hicieron los héroes del 44. Los 63 años que llevamos desde el derrocamiento de la Revolución son suficientes. La niñez, la adolescencia y la juventud no pueden heredar un país en donde sus más elementales derechos son pisoteados todos y cada uno de los días de su vida.

Es nuestra más grande obligación brindarles otra primavera, darles la oportunidad de gozar de sus derechos a la educación, a la salud y nutrición, a la seguridad… como nunca antes en su corta vida han logrado disfrutar.

 

(1) Revista Crónica. Revolución 1944-1994. Editorial Anahté, S.A. Guatemala, 1994.
(2) http://lahora.gt/futuro-llama-la-rebelion/